¿Nos ponemos en el lugar del otro?

Empatía

Una de las funciones más importantes de la inteligencia emocional es detectar la capacidad que tiene una persona para ponerse en el lugar del otro. Esta capacidad es conocida como Empatía. Esa empatía puede ser innata o adquirida por medio del aprendizaje en el manejo de las emociones.

Tener la capacidad de ponerse en el lugar del otro nos hará dar cuenta que no somos tan diferentes como creemos, que a veces las diferencias son autoimpuestas y que las emociones nos atraviesan a todos.

Empatizar es sintonizar la misma frecuencia emocional con otra persona,

Podremos comprender cómo desea ser tratada la persona que tenemos enfrente y detectar si necesita de nuestra comprensión.

La empatía es calzar realmente los zapatos del otro, validar sus emociones sin menospreciar el grado de emoción que la persona instala en el problema que está atravesando. Es comprender sus tristezas, sus decepciones, sus molestias desde su propia mirada, desde su propio sentir y a partir de allí extender un consejo, dar una palabra de aliento, un abrazo aliviador.

Ahora bien, ser empáticos y no saber demostrarlo o no ponerlo en práctica, no sirve de nada.

Hay personas que dicen ser empáticas de la boca hacia afuera y cuando se encuentran frente a una situación verdadera no saben cómo actuar. Por eso identificar si sabemos demostrar empatía es muy importante para darnos cuenta si estamos o no ayudando al otro.

Somos empáticos cuando además de escuchar con atención ofrecemos un abrazo, una palmada emotiva en la espalda, un beso, una caricia.

Cuando no mostramos signos de aburrimiento mientras la persona nos confía sus emociones, es decir cuando escuchamos con respeto.

Cuando respondemos o damos nuestra opinión sin imposición de pensamiento, con cortesía, delicadamente.

Cuando demostramos, sobre todo a niños y ancianos, que son escuchados y comprendidos, sin hacerles sentir el apuro o que el tiempo vuela.

Cuando nos detenemos realmente a ayudar al otro desde nuestro corazón, respetando sus creencias y valores.

No somos empáticos cuando juzgamos la actitud de los demás.

Cuando respondemos o hacemos comentarios hirientes.

Cuando comparo el problema de la persona con mis experiencias haciéndole ver que YO sufrí más, o que MI problema es mayor que el que está atravesando.

Cuando creemos que nuestros problemas son los únicos y más grandes que hay en el mundo.

Cuando nos están contando un problema y nuestra mente piensa en otra cosa.

Cuando no somos amables.

Cuando nos damos cuenta que la persona necesita un gesto amoroso, una sonrisa y se la negamos.

Cuando hacemos algo por los demás y esperamos algo a cambio.

Practicar la empatía con la escritura terapéutica es un ejercicio muy positivo porque nos permite ponernos realmente en el lugar del otro y comprender el comportamiento de los que tenemos alrededor.

Para lograrlo, te invito a que elijas calzar los zapatos de otra persona y construyas un relato desde su óptica. Te servirá para empatizar con ellos.

Por ejemplo, ponerte en el lugar de un mendigo, en una noche de invierno, que tiene que dormir en la calle, o de un extranjero que padece el rechazo de un grupo de personas que no lo quieren en su país.

Espero que hayas aprendido un poquito mas de esta hermosa capacidad emocional.

¡Hasta el martes!

3 comentarios sobre “¿Nos ponemos en el lugar del otro?

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