Somos palabras

“Somos palabras” es mi primer libro de no ficción que pronto saldrá a la luz. La intención de escribirlo fue pensando en ofrecerles una «herramienta» para ayudarles a encontrar tranquilidad, a no perder ese norte que nos lleva, emocionalmente seguros, al final del camino.

He comprobado, tanto en mí como en mis alumnos y alumnas del taller que imparto, que la escritura emocional o terapéutica nos «salva» de algún modo y nos conecta con una sabiduría interna que la mayoría desconocemos. Nos abre una puerta inexplorada al yo y nos enlaza con la esencia de nuestro propio ser.

El libro también tendrá ejercicios orientativos para que se inserten en este maravilloso viaje de ida que significa escribir para descubrirte y ayudarte a sanar.

Les dejo aquí abajo una reflexión con la que inicia “Somos palabras”,© 2022.

INTRODUCCION

Somos palabras. Estamos hechos de palabras. Nuestro interior es un mapa dibujado con las palabras que escuchamos y que aprendimos a lo largo de nuestras vidas. Un mapa único, trazado con la tinta de las vivencias que cada palabra marcó en cada uno de nosotros.

Día tras día, al despertar, esperamos escuchar palabras tras decir algunas. Las palabras amanecen con nosotros. Desde nuestra mente, desde nuestras emociones, desde nuestra voz.

Desde que aprendimos a hablar, a escuchar, a escribir convivimos con las palabras como parte inseparable de nuestra existencia. No nos imaginamos una vida sin palabras. Alguien las dice y quedan inmediatamente pegadas a las paredes de nuestra mente y van conformando nuestros pensamientos. También se alojan en nuestro corazón y van formando las emociones.

Muchas de ellas actúan como un bálsamo: invocando recuerdos que no queremos dejar atrás. Otras sufren una metamorfosis inesperada y se convierten en cuchillos que quedan clavados en el alma.

A pesar de lo que nos hagan sentir, no dejan de ser palabras. Palabras con el poder de un huracán y con la tibieza del sol. Entes abstractos que no podemos sostener entre las manos a pesar de sentir sus caricias, ni podemos arrancarlos como si fuera una espina para que dejen de lastimarnos.

Las palabras tienen vida propia: luego de traspasar la boca de alguien y viajar por el aire, quedan incrustadas en la mente de la persona elegida como receptor. Y, como una semilla, comienzan a germinar emociones que crecerán sanas o alteradas según la firmeza del terreno donde haya caído.

Somos palabras.

Palabras que esperamos cada día, cada tarde, cada noche.

Palabras que dan vida y palabras que matan.

¿Cómo puede una palabra ejercer tanto poder sobre nosotros? ¿Por qué permitimos, a nuestro interior, darle tanta importancia?

Las palabras nos hacen sentir dioses y lacras. Nos convierten en el ser más dichoso y en el más desdichado. Sólo porque nosotros les damos ese poder.

Cada día esperamos escuchar palabras que nos hagan sentir menos míseros, más adorables.

Esperamos que las palabras resten miedos y sumen coraje.

En tiempos de guerra ansiamos que se eleve la palabra PAZ, con la certeza que una palabra cambiará algo, a pesar que cada uno libra sus propias batallas.

Cada día esperamos con ansias palabras que sumen autoestima, que nos extirpen el dolor, que incineren de una vez tantos temores.

¿Por qué esperamos que esas palabras surjan de otras bocas o las escriban otras manos? Dicen que es porque somos seres sociables. Yo creo que es porque desde pequeños nadie nos enseña a autoabastecer nuestro amor propio.

Creemos, y llegamos al convencimiento, que si alguien no nos dice cuán capaces somos, es porque no lo somos. Si alguien no nos acepta, es porque tenemos “una falla”, si nos abandonan es porque no servimos o no somos “suficientes”. Yo creo que llegamos a esto porque a todos nos conviene manipular al otro. Si nos detenemos con frialdad, podemos ver que la manipulación viene desde la infancia. Como soborno. Nos ofrecían un caramelo a cambio de realizar una tarea. Si no hacíamos tal o cual cosa no teníamos permiso para salir a pasear. Aprendimos a dar pasos motivados por la aprobación de nuestra madre y de nuestro padre. Nos incentivaron como a las mascotas cuando fijan una acción por repetición.

La diferencia es que nuestro razonamiento nubla algunos conceptos, los tergiversa y es ahí donde una palabra mal interpretada dibuja la línea del abismo. Un antes y un después en la vida de una persona. La palabra ejerce un poder impensable en nuestra mente cuando estamos débiles. Cuando nuestro amor propio está famélico. Cuando necesitamos palabras que engorden nuestras emociones desde el pensamiento, le otorgamos ese poder a un tercero, en vez de acercarle nosotros, un alimento.

Nada peor que darle el poder de alimentación de nuestra autoestima a la palabra que nace en la boca o en el pensamiento de otro.

Una relación se define por el intercambio de palabras. Si son sanas, las emociones crecen libres de bacterias, si son agresivas o desvirtúan una intención, las emociones crecen enfermas.

Las palabras que deshecha uno, el otro las levanta para redefinirlas y reutilizarlas.

Sin palabras no hay comunicación. Sin palabras no hay desencuentros. Sin palabras no hay historia. Sin palabras no hay mentiras, tampoco verdades. Sin palabras no hay políticos ni crisis ni guerras. Sin palabras no hay temores, autoestimas bajas, sentimientos de insuficiencia. Sin palabras no hay heridas, no hay jueces, no hay injusticias.

¿Será que sin palabras crearíamos un mundo mejor?

Imposible imaginarlo porque te estoy ofreciendo un razonamiento con palabras, que debe resolverse en palabras para la no existencia de la palabra.

Derechos reservados de edición. © Copyright 2022.

3 comentarios sobre “Somos palabras

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  1. Hermoso Vecca!!! Me quedo con ganas de leerlo!!! Muchos éxitos! Felicitaciones y abrazos, y que la palabra Paz nos de la fuerza para construirla y conseguirla en nuestros corazones y en el mundo!!!

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