Café, palabras, emociones

MOMENTOS

Una de las cosas maravillosas que hago es trabajar con las emociones. El sábado pasado, 14 de mayo, he tenido la hermosa experiencia de conectar con un grupo de personas que se dieron la oportunidad de abrir la ventana que nos lleva hacia adentro de nuestros sentimientos y todos y cada uno de ellos han sentido a flor de piel emociones que creyeron ya no tenían. Sin embargo, descubrieron que estaban dormidas y que sólo habia que despertarlas.

Sin imaginarlo siquiera, fueron relajando sus prejuicios y lograron conectarse entre todos a pesar que en su mayoría no se conocían. Recordamos anécdotas con sonrisas y algunas lágrimas, nos asombramos juntos, escribimos palabras que nos llevaron a abrir caminos clausurados en nuestra mente y lo mejor de la tarde fue que nos escuchamos.

Escucharnos es algo que cada vez cuesta más. Vivimos aturdidos, con la cabeza llena de pensamientos que, en muchos casos, no nos conducen más que a perder el tiempo sin saber puntualmente en qué estamos pensando, o qué queremos resolver. Solo rumiamos en forma permanente, sabemos que hay muchas cosas esperando ser resueltas, pero el día pasa y las soluciones llegan a medias o no llegan.

Forzamos a nuestra mente a estar en demasiados lugares y terminado el día nos damos cuenta que no estuvimos realmente en ninguna parte. Parecemos perdidos entre conocidos, sumergidos en pantallas que nos llenan de nada y nos aíslan cada vez más. Entonces cuando encontramos un lugar donde emocionarnos, donde podemos ser un poquito nosotros, donde somos escuchados, no queremos que el tiempo pase, deseamos quedarnos allí, sonreír, hablarnos, mirarnos, quedarnos en ese espacio donde al menos un desconocido nos regaló su silencio para poder elevar nuestras palabras.

Permitimos la despersonalización de las emociones sin darnos cuentas que le abrimos las puertas a la más grande soledad, porque cuando la pantalla se apaga quedamos solos. Nadie nos mira verdaderamente a los ojos, a nadie le inquieta perder un minuto para escuchar desde su interior lo que tenemos para decir. Todo debe ser rápido, expeditivo, porque no tenemos tiempo.

Sin embargo, un encuentro que estaba estipulado para que terminara en dos horas como máximo, se extendió a cuatro. Todos conversábamos de las emociones, de los recuerdos, de lo hermoso que es sentirse amado.

Maravilloso espacio aquel que no permitió sentir que somos valorados, sentirnos escuchados, sentirnos más humanos.

Gracias a Diego Tejerina y Marita Martínez por abrirme el espacio de ese café tan acogedor A la sombra de la rosa, donde pasamos una tarde inigualable.

Gracias por una tarde inolvidable

3 comentarios sobre “Café, palabras, emociones

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    1. Asi es Fran. Escucharnos es tan necesario y sin embargo cada vez lo hacemos menos. Pareciera que hay tiempo para todo menos para «ser Humanos» ¿no? Gracias por leer.

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