Huída

MICRORELATO

No puedo dormir. Me acarician los gritos desgarrados al borde de la piel. Gritos que pude evitar pero no tuve la fuerza suficiente. Desenmascarar fantasmas no es tarea fácil, más cuando visten trajes elegantes. Confundí la mirada, por eso le hice caso al ultimo grito y arranqué mis ojos. Aprendí a olerlos para detectarlos. El olfato es más leal que la mirada. Los gritos cobran vida y pueden sentirse inestables. Lastiman mi piel. Todo es negro y nauseabundo. Mis manos me guían por pasillos de paredes pegajosas. Solo me acompaña un goteo incansable. Salí. Lo sé porque recuerdo el olor del tacho de basura en el callejón. Tomo una bocanada de aire. Me quedo agazapada. Se acerca un perro, puedo olerlo. Lame el hueco de mis ojos y como si supiera lo que estoy viviendo, busca mi mano para apoyarla en su cabeza y me ayuda a huir de aquel infierno.

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