Quedarnos estáticos

La vida pasa demasiado rápido para detenernos en imposibilidades, sin embargo la mayoría de nosotros nos quedamos estáticos, viendo como pasa la vida de las demás personas y sintiendo que ellos pueden lo que nosotros no.

Creo que esa inmovilidad tiene mucho que ver con la cantidad de adjetivos negativos que consumimos a diario, desde que somos pequeños.

Cuando alguien nos decía, en modo imperativo, frases como:

Sos inútil.

No servís para nada.

Hacés todo mal.

Así nunca vas a llegar a ser alguien.

Cada vez estás peor.

Etc, etc, etc. nos dejaban estáticos, enojados por dentro y lo peor, sin poder de reacción. Detrás de una sentencia negativa, quedan sembrados los miedos que van horadando, lento y en silencio, nuestra autoestima.

El adjetivo negativo utilizado con el verbo ser es la fórmula perfecta para dejarnos inmóviles ante la vida, ya que la respuesta inmediata e inconsciente es: Si soy inútil ¿para qué voy a intentarlo? Seguro me sale mal o no me sale.

Por desgracia, escuchamos estos adjetivos negativos principalmente de la boca de nuestro padre, de nuestra madre, abuelos, hermanos, hermanas, amigos cercanos e incluso algunos docentes. Pensamos en muchos casos, que esto es inofensivo, no le otorgamos la importancia que en realidad tiene y lo dejamos pasar. Y así, sin darnos cuenta, se nos pasa la vida creyendo que somos inútiles, que no somos merecedores, que jamás lo lograremos.

Y caemos de nuevo en lo que ya hablé en otra entrada : el tan molesto señor miedo.

Miedo a no ser demasiado bueno, miedo a no hacer las cosas bien.

La pregunta sería ¿Demasiado bueno para quien? No hacer las cosas bien ¿según quien? ¿Quién es el juez?

A veces el peor juez es nuestra voz interna, nosotros mismos.

Nuestros diálogos internos suelen ser injustos y en extremo perfeccionista. No nos perdonamos «no saber» o «no poder». No aceptamos la frustración. Somos nuestro peor enemigo y boicoteamos una y otra vez nuestro intento por elevar esa autoestima tan vapuleada desde pequeños, sin ningún tipo de piedad.

Más arriba les decía que el verbo ser antes de un adjetivo negativo nos deja en la inmovilidad total. ¿Cómo es esto? Va un ejemplo:

Si alguien repite la frase sos un inútil, el receptor termina creyendo que lo es, no en forma consciente, y termina siendo un inútil. El verbo SER logra hacer actuar literalmente al receptor.

Por el contrario, si en vez de utilizar el verbo ser, elaboramos una frase como: «Me parece que de este modo lo podés hacer mejor», le estoy mostrando a esa persona la posibilidad de «moverse» para encontrar una solución. No juzgo ni oprimo al otro con una imposición.

Otro ejemplo válido es cuando le decimos a una persona «Sos un egoísta», el receptor lo toma literalmente y se va alimentando de ese ser egoísta hasta que forja su personalidad alrededor de este accionar. En cambio si utilizamos una frase mas amorosa como «Me parece que te estas comportando en forma egoísta», estoy dejando la posibilidad de cambiar esa actitud, de pensar el accionar.

Entonces debemos prestar atención en cómo hablamos y qué palabras utilizamos cuando nos dirigimos a otra persona, ya que el uso frecuente de adjetivos negativos deforman la autoestima y forjan adultos inseguros de su propio accionar.

Un ejercicio que resulta interesante en el taller es cuando les pido a mis alumnos que identifiquen los adjetivos negativos que les dijeron a lo largo de sus vidas, y los anoten y al lado escribir, con nombre y apellido, quien se los dijo. Si un mismo adjetivo negativo salió de la boca de varias personas, escriben todos los nombres que recuerden, incluso pueden escribir el nombre de ustedes mismos. Estoy segura que más de una vez, la voz interior les ha jugado una mala pasada.

Cuando tengan la lista, reflexionen sobre estas preguntas:

¿Dé dónde vienen mis autocríticas? ¿De mí o de lo que piensan los demás?

¿Utilizo frases determinantes cuando me califico?

¿Quién me juzga más?

Lo peligroso de las creencias equivocadas acerca de lo que somos es que son determinantes, capaces de transformarnos en alguien que no somos, solamente por su repetición. A esto se le llama distorsiones cognitivas: si nos creemos torpes, terminaremos siendo torpes.

La repetición logra la transformación y por ultimo cierra en la confirmación: Me dicen torpe, comienzo a actuar torpemente y termino siendo torpe.

Por eso no debemos permitir que nadie se refiera a nosotros con adjetivos negativos y mucho menos utilizando el modo imperativo.

Si tienen dudas, pueden comunicarse conmigo vía mail.

2 comentarios sobre “Quedarnos estáticos

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