¿Qué nos pasa?

REFLEXION SOBRE LA CONVIVENCIA POST PANDEMIA

Cuando la pandemia nos obligó a encerrarnos, nuestra vía de escape pasó a ser el teléfono móvil y las computadoras. Las redes sociales explotaron en conexiones internacionales, surgieron nuevas amistades, se terminaron otras porque la convivencia nos enfrentó a todas nuestras miserias y bondades. No fue fácil sobre todo porque, bajo contexto de encierro, todo se magnifica. Nacieron nuevos amores, aprendimos a relacionarnos de maneras que no imaginábamos posibles y todo lo conocido hasta ese momento en materia emocional, quedó obsoleto.

Aprendimos a viajar a través de las ventanas. El cielo pasó a ser un oasis, las noches estrelladas cobraron significados diferentes y más relevantes. Descubrimos que teníamos paisajes hermosos tan solo atravesando un cristal. Nuestras mascotas se convirtieron en estrellas dentro de las redes, Los animales salvajes pronto regresaron a los espacios usurpados por el hombre. La naturaleza volvió a expandirse con una rapidez que nos hizo dar cuenta de lo innecesaria que es la raza humana para el planeta.

Al principio lidiábamos con las muertes, el miedo al Covid y tantos miedos que convivían agazapados alrededor nuestro, pero aún no lográbamos vislumbrar. Por meses estuvimos pendientes de los laboratorios esperando la vacuna que lograra quitar el velo que cubría a toda la humanidad. Todos teníamos a la parca sentada en el umbral de nuestras casas.

En algunos hogares la comunicación mejoró y se lograron fortalecer los vínculos de un modo increíble. En otros, la mínima conexión que habia colapsó y todo salió de sus límites. El pánico vivido entre cuatro paredes trascendía con el incremento de femicidios, el abusos a menores, la intolerancia en todo su esplendor. Así fue como muchos monstruos fueron liberados y personas que se podrían haber salvado del Covid, no lo lograron por la agresión del propio ser humano.

Hoy, podríamos decir que, a dos años de vivir esa experiencia inolvidable y de haber vuelto a transitar normalmente por las calles, aun no hemos regresado a lo que conocíamos como normalidad. Gran parte de la población ha quedado afectada con sentimientos de desesperanza, desgano y tristezas profundas; se experimenta mucho más el desapego, el desinterés, la falta de compromiso; hay inconvenientes para sentir emociones positivas, muchos perciben mayor dificultad en el enfoque, la concentración y la memoria. Hay mas irritabilidad, sentimientos de frustración, enojos, vergüenza y como si todo esto fuera poco, cargan sentimientos de culpabilidad, comportamientos autodestructivos y una fuerte parálisis en la toma de decisiones.

Todos estos comportamientos los trabajo cada día con mis alumnos y dentro de otros grupos con los cuales me relaciono desde la educación emocional, y puedo decir que encontré un común denominador en las personas que atraviesan dos o más de los síntomas antes mencionados: la escucha atenta y la calidad de tiempo compartido. Dentro de éste contexto también pude visualizar que los más afectados son los adolescentes y las personas de la tercera edad.

Ambas poblaciones etarias necesitan mucha contención emocional. Ser escuchados atentamente significa tener puestos todos los sentidos en esa conversación, no con un ojo puesto en el celular, en la TV o en la computadora. Cuando nuestros hijos o nuestros ancianos nos piden hablar debemos escucharlos en ese instante, no dejarlos para cuando termine el partido de fútbol, la serie o el noticiero. El adolescente sobre todo requiere de atención plena en el momento en que elige compartir algo con nosotros. Los abuelos, por el contrario, se repliegan al último rincón de la casa, donde sienten que molestan menos.

No olvidemos que todos llegaremos a esa instancia y que no hay nada más triste que una persona se sienta un estorbo dentro de su propia familia. En el caso de los adolescentes, muchos temen no alcanzar las expectativas de sus padres, sienten que son insuficientes y que nada de lo que hacen tiene importancia porque nunca hay tiempo disponible para compartir algo con ellos desde el disfrute pleno y desconectados de las redes. Muchos adultos escuchan el bip de las notificaciones y corren a ver de qué se trata, si hay un nuevo like o un comentario vano que les llene la inmediatez del vacío, haciéndoles perder la confianza que sus hijos intentan depositar en una edad tan compleja como es la adolescencia. Recuerden que están creciendo, buscando identidad y respeto. Ellos observan todo aunque no sean comunicativos y en el momento menos pensado nos harán conocer nuestras falencias cuando ellos intentaban conectar con nosotros y nosotros le dimos más importancia al mundo virtual. No les demos la espalda priorizando banalidades que seguramente podremos encontrar grabada en la web y volver a verla cuantas veces tengamos ganas, la conversación con nuestros hijos no queda grabada en ninguna plataforma de streaming, la conversación con nuestros hijos es el presente, es el ahora, es ese regalo que nunca más se repetirá en la vida.

Escuchar a tiempo salva vidas si lo hacemos con todos los sentidos puestos en la persona que tenemos en frente. Lo más valioso será que obtendremos el mismo nivel de escucha y podremos sanar juntos, desde los afectos. Tan simple como eso.

La convivencia extrema en pandemia nos enseñó a ignorar las necesidades de las personas que tenemos a nuestro lado. En muchos casos, los hemos invisibilizado y no hay nada peor para el ser humano que ser ignorados. Mucho más si somos ignorados por nuestros afectos más cercanos.

EJERCICIO REPLETO DE HONESTIDAD

Los reto a que se respondan honestamente y por escrito, para que se obliguen a pensar, razonar y poder ejercer un cambio real de actitud:

¿Qué nos pasa?

¿Cuándo olvidamos que hay mas belleza en las palabras de nuestros hijos, en nuestros abuelos, que en un dialogo de la TV?

¿Por qué exigimos lo que no damos?

¿Hasta cuando postergaremos compartir de verdad la vida con nuestros hijos y nuestros abuelos?

7 comentarios sobre “¿Qué nos pasa?

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  1. ¿Por qué exigimos lo que no damos? Una gran pregunta.
    Todo un tratado, una vez más, sobre un análisis de convivencia, en tiempos de pandemia y postpandemia, en este caso.
    Leerte es un lujo. Este texto debiera proyectarse y leerse en el cine, en los telediarios, en todas partes, Vecca.
    Enhorabuena y gracias por tus textos.

    Le gusta a 2 personas

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