Soltar el pasado

Uno de los temas recurrentes en mis talleres es el dolor, la tristeza, el vacío que provocan la pérdida ya sea de una persona, de una situación o de una cosa.

Solemos aferrarnos a sentimientos, recuerdos, vivencias de tal modo que creamos una dependencia emocional de la cual es muy difícil salir. No dije imposible.

No es fácil soltar lo que nos da placer porque en nuestro inconsciente sabemos que al hacerlo le damos paso a la tristeza, al miedo que genera en muchas personas quedarse solos, sentirse vacíos, sentir dolor por aquello que teníamos y ya no tendremos más. Y es tan grande ese miedo que acumulamos sentimientos egoístas, construimos creencias en nuestra mente y tratamos de auto convencernos de aquello que ya no está por el simple egoísmo de no querer sentir emociones negativas. Muchas veces no dejamos ir por el orgullo de no sentirnos perdedores, cuando la realidad es que si ese sentimiento, si esa cosa, si esa situación deja de estar en nuestras vidas es porque simplemente no nos pertenecía.

Nada nos pertenece, olvidamos que estamos de paso y que cada persona que cruzamos en el camino es un aprendizaje, cada situación vivida es un aprendizaje, cada cosa que tuvimos y perdimos nos dejó un aprendizaje. Insistir con quedarnos anclados en algo que ya pasó es frenar nuestro aprendizaje en la vida, es decir no a la siguiente lección, es quedarnos estancos.

La vida es acción, es movimiento y movernos significa que estamos vivos. Las emociones, por más incómodas que se presenten, nos están diciendo es hora de seguir andando. Es tiempo de crecer. Le tenemos terror al cambio, dar vuelta la página y ver qué nos depara el otro lado.

Nos cuesta soltar personas, situaciones que significaron mucho o que nos hicieron daño porque no queremos aceptar que aquello ya pasó, que lejos de hacernos bien, esa emoción se intoxicó y comenzó a lastimarnos, pero estamos tan acostumbrados a tener esa rutina que negamos todo lo que muy adentro de nuestro corazón sabemos que ya no está.  

Nos quedamos anclados en lo que pudo ser y no fue, nos quedamos esperando un cambio que ya no va a suceder, pero preferimos el autoengaño, convertirnos en víctimas antes de aceptar y soltar. Nos creemos dueños de las personas que tenemos a nuestro lado, dueños de las cosas que alguna vez tuvimos, dueños de la verdad porque es más fácil delegar culpas que hacernos cargo de nuestra inacción.

Es curioso, porque no solo nos aferramos, a personas, a cosas o incluso a situaciones, sino que también nos quedamos enganchados con nuestros pensamientos, nuestras creencias fijas sin querer cambiarlas. La dependencia es como una droga, que crea adicción, cuanto más piensas, más quieres estar con esa persona o en ese lugar. 

Como dejar ir el pasado

Aprender a soltar es una tarea que comienza con aceptar que las cosas fueron de un modo que no podemos cambiar, a pesar de nuestro esfuerzo o de lo que nos gustaría que hubiera pasado y no pasó.

Admitir que toda pérdida trae dolor, es tomar conciencia que eso en lo que invertimos tanto, no funcionó. Por eso tenemos que hacer ese duelo. Tenemos que despedirnos de esa persona con la que tuvimos momentos maravillosos pero que se terminaron, tenemos que despedirnos de ese negocio en el cual invertimos mucho y no funcionó, tenemos que entender que esa casa ya no es nuestra. Hacer el duelo por personas, cosas, situaciones en las cuales invertimos tiempo, emociones, pensamientos, pero no lograron ser lo que imaginamos que sería. Debemos atravesar el dolor para poder permitirnos cerrar la historia y dejarla que entre en el pasado.

Insistir con aferrarnos a algo que no es más, enfermará nuestro cuerpo: tendremos dolores de cabeza, dolores en el pecho, se reciente la cadera, la lumbar y el túnel carpiano. Desprendernos de la fuente de apego duele porque nuestro cuerpo está habituado a vivir allí, pero debemos entender que es un dolor que más tarde nos traerá salud.

Ejercicios para aprender a soltar

Como es mi costumbre y mi pasión trabajar con las emociones, les dejo un ejercicio para que inicien el camino de aprender a soltar.

Primero deben identificar cuál es la persona que no pueden dejar ir o cuál es la situación o cosa de la que no pueden desprenderse.

Una vez identificada, se sientan en un lugar tranquilo, toman papel y lapicera y escriben una carta describiendo todo lo que les enfada de esa situación, persona o cosa. Expresen el dolor que les provoca esa vivencia, sáquenlo de la cabeza tal como lo piensan, sin tener en cuenta la construcción de la oración ni los errores de ortografía. Despéguense de esas reglas y escriban sin censura. Todo lo que salga de sus cabezas. Si desean insultar, escriban el insulto. Es liberador. Despídanse de esa persona, de esa situación y en esa despedida agradézcanle por el aprendizaje. Aunque no parezca todavía, el dolor que están atravesando es una gran lección de vida que los dejará fortalecidos emocionalmente una vez lo hayan atravesado.

Una vez terminaron de escribir y decir todo lo que tenían para decir, la leen en voz alta como si tuvieran a la persona frente a ustedes.

Luego quemen la carta. Recuerden que están viviendo una perdida, un duelo y como tal, deben atravesarlo, deben dejarlo ir. Si desean soltar las cenizas al viento, lo hacen. Si desean enterrarlas, lo hacen. Utilicen sus creencias para cerrar la historia.

Una vez aceptado que las cosas son así y no las podemos cambiar, aprendemos a disfrutar de los pequeños momentos. Fíjense que dije aceptado y no resignado. Si resignamos solo cambiamos el modo de mirar y vivenciar el dolor. Si lo aceptamos, lo superamos y podemos seguir adelante.

Dejar el espacio libre, con emociones curadas permite la llegada de nuevas experiencias, de nuevas personas, de nuevas cosas a nuestra vida y con ellas llegan nuevos aires, esperanza y nuevas emociones.

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Este tema, junto a otros de conocimiento personal, estará presente en mi próximo libro Somos palabras .

¡Hasta el viernes!

3 comentarios sobre “Soltar el pasado

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