Engendro

Tengo el terror pegado a las paredes internas de mi piel que por suerte no es reversible. Si me vieras, si me mostrara tal cual soy, tú mismo irías por una cuchara para arrancarte los ojos y aliviar tu madrugada.

La piel que me recubre está impregnada de escenas horrorosas. Sucesos que se fueron tatuando sin dejar espacios, sin dejar de crecer. Instancias que han modificado por completo lo pautado. Cada ínfimo lugar ha sido poblado por dibujos macabros que grabaron una estampa imposible de mirar. Un estampado.

Al no ser reversible paso como uno más, el problema es que no sé hasta cuándo lograré pasar ya que muta de tanto en tanto.

Solo yo puedo ver por dentro y tantas imágenes contaminaron la mirada, por eso muchas veces, se me hace difícil mirar.

No fue fácil darme cuenta que el monstruo era yo. Quien atraía tantas incoherencias era yo. Quien dirigió el camino hacia el holocausto era yo. El dibujante de mi misma, el engendro.

Entonces manejé hacia el infierno para quitarme la libertad de movimientos, cerré la reja de mis pensamientos y al sentir el sabor del encierro, logré envenenarme hasta los huesos.

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Fragmento de un cuento de mi próxima antología. © Copyright 2022.

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