¿Quién nos pasa?

Muchas veces estamos rumiando con una situación en la cabeza, tratando de identificar «qué nos pasa» cuando la pregunta correcta sería «quien nos pasa«.

Solemos equivocarnos cuando lo que tenemos enfrente es tan doloroso que no lo queremos ver. Identificar «quien nos pasa» es el mejor modo de iniciar el proceso hacia tomar conciencia con nosotros mismos y poder desentrañar esos dolores que aparecen en el cuerpo porque nos resistimos a ver la realidad.

Muchas veces la realidad pesa demasiado porque nos cuesta hacer un «mea culpa«. Hacernos cargo de lo que NO hicimos en su debido momento no es fácil, porque es tomar conciencia que, mucho de lo que desencadenamos a veces por soberbia, otras por ignorancia o por comodidad, se pudo haber evitado tan solo si hubiéramos estado atentos a nuestras palabras, a nuestras emociones, a nuestro trato con el entorno o con las personas mas queridas.

La comodidad tiene un precio muy alto a veces y no siempre estamos dispuestos a pagarlo. Es más fácil echar culpas que ver nuestros propios errores y tratar de remediarlo. Es más fácil buscar un qué que encontrar un quien en nuestro inconsciente. Evadirnos de nuestra responsabilidad.

Si logramos reconocer lo más difícil es mucho más fácil encontrar una salida.

Permitirle a nuestro pensamiento rumiar incansable como si estuviera en una rueda de hámster, es alimentar el enojo, los miedos, la inseguridad de manera descontrolada, y es, en ese instante, cuando damos lugar a la suposición y nos convertimos en lectores del pensamiento ajeno. Nada peor como suponer algo alimentado por nuestro pensamiento emocional. Lo único que obtendremos es un incremento en la equivocación: creemos saber todo acerca de la otra persona y de sus sentimientos, entonces nos tomamos la licencia de suponer y suponer y suponer alejándonos más y más de lo que realmente pasa.

Nuestra imaginación es maravillosa, pero mal gestionada hace estragos, sobre todo en nuestra salud.

Los pensamientos alimentados de suposiciones que a su vez se alimentan de emociones como la ira, los miedos, la disconformidad, generan la queja constante y muchas veces esa queja nos lleva a sentarnos en el trono de la víctima. Y nada peor como posicionarnos en víctimas de una situación porque es el lugar más cercano a no querer aceptar la parte responsable que nos toca pero no queremos ver.

O no nos conviene ver.

Para salir de una situación identifiquemos el quien nos puso en esa situación, mirando primero hacia nuestro interior, sin victimizarnos, porque recuerden que lo más fácil es culpar al otro. La dejadez, el desamor, la desatención, la no escucha, la burla, tienen mucho que ver con ese «quien nos pasa».

Ejercicio detector de «quien nos pasa»

Para ayudarles a encontrar quien nos pasa, les voy a dejar un pequeño ejercicio:

  • Primero identifiquen el dolor en el cuerpo, el pensamiento recurrente o la situación incómoda en la que están.
  • Luego traten de memorizar desde cuando está con ustedes, y la emoción que invade el cuerpo cuando el pensamiento llega.
  • Por ultimo miren, antes de nombrar a alguien, qué hicieron ustedes para llegar a esa situación. Colóquense frente a su propio espejo, saliendo del papel victimario, y tengan el valor de aceptar sus propias equivocaciones. Nadie llega porque sí al lugar donde está.

Con todo esto honestamente planteado dentro de ustedes mismos, respondan la pregunta:

¿Quién nos pasa?

Estoy segura que van a sorprenderse.

Solemos meternos nosotros mismos en esos callejones sin salida, donde la vida mas de una vez, nos dijo: “por ahí no es”, y a pesar de eso, insistimos y forzamos la situación para que nuestro capricho se haga realidad, cueste lo que cueste, incluso utilizamos amenazas para que se cumpla nuestra voluntad. No olviden que todo tiene consecuencias y lo peor es que las emociones mal gestionadas se traducen de un solo modo en nuestro cuerpo: en enfermedad.

Insomnio, dolores de cabeza intensos, presión alta, náuseas, mareos, problemas gastrointestinales, dolores de cuello, de brazos, de pecho, entre otros.

Los invito a reconocer en ustedes mismos lo que ustedes mismos provocaron en su cuerpo con el poder de la mente, y cuando tomen conciencia real de «quien les pasa» van a sentir un gran alivio en la espalda.

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