EL ÉXITO DEL FRACASO

LA IMPORTANCIA DEL FRACASO

“He fallado más de 9000 tiros en mi carrera. He perdido casi 300 juegos.

26 veces, me han confiado para tomar el tiro ganador del juego y fallé.

He fallado una y otra y otra vez en mi vida. Y es por eso que lo he logrado”

Michael Jordan

Photo by Wopke

El fracaso, por mucho que duela, es importante en nuestra vida porque nos enseña lecciones tan importantes que jamás las olvidamos. Es necesario para avanzar, es el gran maestro, el escultor que va moldeándonos, despojándonos de los egos que no nos dejan crecer, mientras le va dando forma a nuestras capacidades para extraer lo mejor que tenemos para hacernos brillar. Por eso no debemos tener miedo al fracaso, si no lo conociéramos no estaríamos preparados para tener compasión, empatía, amabilidad, no sabríamos lo que es la resiliencia.

¿Qué es el fracaso y qué es el éxito?

El fracaso es la condición de no obtener el resultado deseado, es lo opuesto al éxito. El fracaso suele ser diferente para cada uno de nosotros ya que para algunos significa frustración, insuficiencia, ruina y para otros el fracaso es engaño, negación y decepción.

El éxito es el logro de alcanzar una meta, un propósito o un resultado previsto. Su definición puede variar según las creencias y puede asociarse a ideas que pueden incluir riqueza, prosperidad, bienestar y satisfacción.

Si bien el fracaso y el éxito están presentes en nuestras vidas, tanto en lo personal como en lo profesional, reconocer los sentimientos asociados con cada uno es un paso importante para adquirir inteligencia emocional y poder gestionarnos en el impacto que pueden tener ambos en nuestro desempeño. A medida que crecemos en la vida y en nuestra carrera profesional, vamos adquiriendo definiciones personales de éxito y fracaso, las cuales dependerán de las aspiraciones que cada uno de nosotros tengamos como objetivo.

El éxito del fracaso

El éxito se logra con una sumatoria de fracasos y para que ese fracaso se transforme en éxito debemos tener una condición: ser perseverantes. Es así como el bebé aprende a caminar, tras muchos tropezones y caídas. Su condición es que no se rinde.

Thomas Edison reafirma esta idea en su cita tras inventar la bombilla: “No he fallado. Acabo de encontrar 10.000 formas que no funcionarán”.

¡Diez mil fracasos antes de alcanzar el éxito!

El gran problema del fracaso es la sociedad y las creencias arraigadas en nuestra mente donde se tiende a celebrar los éxitos en lugar de destacar los viajes épicos hacia el éxito que están llenos de pruebas, sufrimientos, contratiempos y fracasos. Pero no es atractivo hablar de esas cosas. Solemos esconder las veces que fallamos porque pensamos que somos lo únicos que no lo logramos, y al final nos damos cuenta que todos estamos en el mismo sitio. Todos hemos experimentado fracasos y eso no indica que seamos fracasados.

Ser fracasados es rendirse en el primer intento.

Leonardo Da Vinci, dejó un cuaderno con más de 4.000 páginas en las que anotaba los esbozos necesarios para dar forma a sus obras. Nadie lo hizo en el primer intento.

Es necesario fallar

En la vida es necesario fallar para adquirir experiencia, para saber hasta dónde debemos involucrarnos y poder desarrollar una comprensión más profunda de la vida. Entenderlo de este modo hará que no claudiquemos ante el primer fallo y nos dará la fortaleza necesaria para seguir intentándolo.

El fracaso trae conocimiento a través del dolor: nada puede reemplazar lo aprendido desde el error, desde el fracaso, y ese dolor nos ayuda a desarrollar la resiliencia, característica de las personas que logran rearmarse tras una fuerte caída en el camino de la vida. Las cosas no suceden de la noche a la mañana, se requiere de esfuerzo, mucho trabajo y sobre todo, de perseverancia.

La vida está diseñada para que crezcamos y mejoremos desde lo más profundo de nuestro ser, desde nuestra genética que nos convierte en lo que somos como personas individuales insertas en el tejido de la sociedad y parte fundamental para el desarrollo global.

Por eso no debemos temer al fracaso, debemos aprender a valorarlo porque es el corazón de un éxito limpio. Está bien fallar, lo que no está bien es rendirse.

Una vez que comprendemos qué es el fracaso y cómo debemos utilizarlo para que no se convierta en un obstáculo, tenemos que saber que aparecerán a nuestro alrededor personas que nos digan palabras como: «Te lo dije», «Deberías haberme escuchado», “Yo sabía que te iba a pasar”.

Debemos ignorar a esas personas. Ignorar a los detractores que solo ven la paja en el ojo ajeno y no pueden ver la viga en el propio. Esas personas pasan por la vida en forma pasiva, no arriesgan para no salir de su zona de confort y se dedican a criticar a los que tienen coraje y se atreven a intentarlo una y otra vez, sin bajar los brazos.

Una cita de J.K. Rowling viene perfecta para este momento:

“Es imposible vivir sin fallar en algo, a menos que vivas con tanta cautela que sea como si no hubieras vivido en absoluto, en cuyo caso has fallado por defecto”

Fracasar es parte de madurar como seres humanos, es aprender a reflexionar, a mirar las cosas desde diferentes perspectivas, a desarrollar más los sentidos, a valorar el sacrificio.

Seguir adelante y no darse por vencido es posiblemente una de las mejores maneras de recuperarse del fracaso. Recuerden: no es un verdadero fracaso a menos que tiren esa toalla proverbial y se rindan de todo corazón para siempre.

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