Por aquellos a quienes callaron

Hoy les dejo un relato corto inspirado en las injusticias que sufrimos los pueblos latinoamericanos, con gobiernos tan corruptos que no existe palabras en el diccionario para definirlos. Gobiernos que suben al poder mintiendo que les importan los pobres, la educación y la justicia, gobiernos que se dicen socialistas y no tienen mas que un doble discurso tan peligroso como la guillotina medieval.

Espero leerlos en los comentarios.

A los que callaron

Me inmovilizas con cadenas porque temes el daño que eres capaz de hacer y lo reflejas en la libertad que me robas sabiendo que no puedes encerrar mi pensamiento a quien le temes porque no hay barrotes ni puertas blindadas que lo encierren.

Te quedas allí. Martillándome por dentro y por fuera, perforando mi cuerpo para extraer lo que no puedes comprar y mi sangre derramada no es suficiente para tu voracidad.

Presionas mis sienes hasta lograr que mis ojos exploten, pero no podrás extraer palabras. La torpeza de mis vocablos me alejó de todo y de todos. Una contada minoría está preparada para oír las certezas que siembran hambruna y decadencia. Culpas que no te dejan ser siquiera el espantapájaros de los campos donde arrojan los cadáveres impertinentes de la memoria.

Es por esto que aprendí a callar hace mucho tiempo y de tanto silencio mis labios se desdibujaron de mi rostro. Herramienta inútil en la ficha técnica de un hacedor de ideas en los tiempos que corren. Cada elipsis repercute en la coherencia de mis deseos. El compás sórdido de los que callan ahondó tu ausencia desesperada proyectando los miedos al futuro.

Y entre tanta mierda apareces pegajoso, como una telaraña creciente dentro mío, arrasando con toda lógica para mostrarme una luz como fin último del pensamiento. Detrás de mis ojos quedó aparcado el punto ciego donde se aferra el tiempo.

Estoy cansada.

Cansada por dentro.

Crecer es un carrusel que nunca deja de girar y del cual no tienes la opción de bajarte.

“Si no estás no estoy”, repetía sin medir el flujo enorme de deseos que abrazaba aquella frase.

“Si no estás no estoy”. Y no estuvimos.

Y a nadie le importó más allá que algún libro de historia repite hasta el cansancio “lo más importante que tiene un pueblo es la memoria” omitiendo que el Alzheimer afecta la conveniente memoria de los que dirigen al pueblo.

©Derechos reservados Vecca Preetz

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