Migraña

Relato de terror

Art by Straechav. Esta pintura se titula «Regurgitate» (2012). Ganó el premio de oro del género de terror en el libro Infected by Art.

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Ya viene. Un sabor amargo me alerta que en breve llega y no puedo hacer nada para evitarlo. Busco el blíster, pero recuerdo que es peor si me adelanto. Ya está aquí, siempre llega inesperado. Siento como se instala lento, ejerciendo presión detrás de mis ojos. El dolor comienza a latir en la sien y se expande al interior de mi cerebro en dimensiones impensables. Cuando llega al punto más interno, un miedo espeso se vuelve aún más denso porque sabe la secuencia de los engranajes que me trasladan al infierno.

La luz se transforma en lenguas de fuego que lamen la retina de los ojos absorbiendo la mucosa hasta dejarlos secos. Cerrados. Fotofóbicos.  Apretados en un intento imposible de evasión mientras luchan con las espinas que crecen al borde de las pestañas.  Luego llegan los golpes constantes. Martillos de hierro candente magullan incansables una y otra y otra vez. Arriban al paladar sabores agrios. Quisiera ir por un vaso de agua fresca pero mi cuerpo solo me pide descanso.

Con una bomba latente, mi cabeza ordena recostarme mientras busco la llave que detiene el estallido, pero ya es tarde. La secuencia acaba de desencadenarse. Tiemblo, sudo, me mareo y la bilis asciende llenando de ácidos mi boca. El tiempo se detiene ante el dolor esparcido como pólvora inestable a la espera de una chispa. Cada partícula en el suelo del cerebro golpetea cual vidrios rotos danzantes sobre un terreno de acero.

Puntadas agudas perforan mis ojos desde el centro del cerebro, como agujas que entran traspasando el deseo de eliminarlas.  Mil púas gruesas atraviesan mi cráneo desde adentro perforando las sienes, buscando alivio, deformando mi boca, transformándome en un monstruo intolerante revolcado en la oscuridad y el silencio que apesta. Mi cabeza estalla en agudos espasmos palpitantes. Sangrantes. Quisiera extirpar el dolor con una pinza, desde el cuajo, pero no sé dónde nace, cual es la raíz.

Malditas migrañas que logran desconcertar mi tiempo sin saber si llevo un minuto, una hora o una vida tratando de arrancarme los sesos, pero mis manos no tienen la fuerza para destapar el cráneo y vaciarlo buscando el alivio tan necesario.

Quizás una pistola, un cuchillo o una cuchara para ahuecarme los ojos y que la sangre fluya como cascada aliviando la presión, derramando el imposible desgarro del cerebro.

Latidos incontables, persistentes, detrás de mis ojos, detrás de mi frente, detrás de mis orejas detrás de mi boca, detrás de todos los rincones de mi cabeza ruegan al dolor que de una vez estalle y me libere de esta presión que ejerce la sangre clavando mi coherencia contra la almohada que ahora es un volcán lleno de lava burbujeante a punto de estallar.

De pronto y sin entender cómo, la presión se desvanece, la bomba no estalla y una calma extraña traslada el dolor a un rincón imperceptible, al costado del vaso de agua.

Ya está. Todo vuelve a ser normal y la pregunta en bucle se instala en mi cabeza ¿volverá?

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Relato que integra la antología «Dentro de mí», © 2021.

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