Decir ¡Basta! es saludable

Muchas veces damos tanto que no lo advertimos hasta quedar tan vacíos que nos desequilibramos y provocamos un colapso interno difícil de recomponer. El desgaste diario nos ciega y en esa vorágine de vivencias no somos conscientes de las presiones que tolera nuestra mente, no al menos hasta que la gota colma el vaso y todo se desmorona.

No sabemos manejar nuestros límites, tal vez por desconocimiento, y tomamos conciencia cuando en un último pedido nos damos cuenta que, en nuestras manos, en nuestro corazón e incluso en nuestra mente, no queda nada.

Ese ahuecamiento momentáneo permite por un instante sentir un cansancio extremo, no podemos dar más porque agotamos nuestros recursos.  Nos quedamos con la cabeza aletargada, el corazón pesado y las extremidades tan cansadas que cuando nos queremos acordar de nosotros mismos, no tenemos fuerzas ni siquiera para salir de la cama.

Todo es una exigencia: el trabajo, las obligaciones, las relaciones, el día a día, todo lo que no nos permite escapar de las demandas que aparecen incansables, agotando el limite positivo de nuestras emociones, de nuestras actitudes, de nuestras respuestas.

Nos autoexigimos tanto que terminamos con nosotros mismos.

Tener los recursos emocionales bajos hace que esparzamos nuestras frustraciones y nuestro mal humor hacia todos lados.

El hartazgo, el llegar a nuestro limite mental de equilibrio emocional puede llevarnos al mal comportamiento, a la respuesta violenta, a la respuesta equivocada. Tocar ese límite es utilizar palabras que luego nos arrepentimos de haber usado, es reaccionar de maneras equivocas que luego terminan vaciando la lógica del razonamiento y nos lleva al estallido, a detonar la bomba de las emociones violentas.

Tener en claro cuáles son nuestras limitaciones emocionales nos ayudará a prevenir comportamientos inadecuados. Para eso debemos conocer cuáles son esos límites que nos llevan a lugares oscuros y que detectamos como nuestras zonas rojas emocionales. Nada peor que convivir presionado con las emociones, con palabras hirientes, ignorando y sintiéndose ignorado en las necesidades afectivas, buscando permanentemente un problema.

Las demandas diarias agotan los recursos, gastamos energía en innumerables frentes hasta quedarnos sin nada. A medida que maduramos vamos desarrollando habilidades emocionales que nos ayudan a afrontar de manera efectiva una situación para evitar sorpresas, pero nunca somos del todo exitosos en esta empresa ya que la vida nos lleva la delantera, y estamos cargados con explosivos mentales que conviven bajo presión y estallan ante el menor indicio de peligro en nuestro sistema autoinmune.

En nuestro intento de protegernos, muchas veces hacemos estallar la bomba y lastimamos a quienes más cerca tenemos sin mirar que en realidad estaban tan indefensos como nosotros.

Cuando alcanzamos estos límites emocionales y lastimamos a otros nos enfrentamos con nosotros mismos, con nuestras miserias. Lamentablemente tomamos conciencia de todo esto cuando ya es tarde.

La pregunta clave sería: ¿hasta cuándo soportaremos tanta presión?

Todo tiene un límite. Nosotros también.

Aprender a decir ¡Basta!, hasta aquí puedo, hasta aquí llego, es saludable porque no somos una fuente inagotable de respuestas, de cumplimiento, no somos abastecedores energéticos pasivos. Somos personas, con tolerancias, con necesidades y con el derecho a decir: Hoy no puedo, hoy no soy invencible, hoy no tengo ganas. Es válido y es sano para reponer fuerzas, para relajar la mente, para descansar. Y tenemos que ser claros con nuestro entorno para hacerles entender que merecemos un día de hacer nada, un día para nosotros, para nuestra introspección, para rearmarnos y volver a salir al mundo renovados física, mental y emocionalmente.

8 comentarios sobre “Decir ¡Basta! es saludable

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  1. Reblogueó esto en Mi cajón de sastre en WordPressy comentado:
    «Aprender a decir ¡Basta!, hasta aquí puedo, hasta aquí llego, es saludable porque no somos una fuente inagotable de respuestas, de cumplimiento, no somos abastecedores energéticos pasivos. Somos personas, con tolerancias, con necesidades y con el derecho a decir: Hoy no puedo, hoy no soy invencible, hoy no tengo ganas. Es válido y es sano para reponer fuerzas, para relajar la mente, para descansar. Y tenemos que ser claros con nuestro entorno para hacerles entender que merecemos un día de hacer nada, un día para nosotros, para nuestra introspección, para rearmarnos y volver a salir al mundo renovados física, mental y emocionalmente.»

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