Nuestros lugares internos

Todos tenemos lugares dentro nuestro.
Lugares que nos remiten de manera inevitable, a emociones vividas, a momentos de alegría o de tristeza que se vuelven inolvidables.
Esos lugares guardan los recuerdos que forjaron la persona que somos hoy, porque estamos hechos de palabras, de momentos. Somos la vida que contamos y contamos la vida que recordamos. No precisamente la vida que vivimos, sino la que recordamos. Somos el cúmulo de recuerdos con los que las emociones se grabaron a fuego en la memoria de nuestros sentimientos. Somos experiencias vividas, alegres y dolorosas.
Conforme esos sentimientos fueron creciendo, aprendimos a comunicarnos con los demás, a cuidarlos tras haber sentido desprotección, a protegerlos luego de saber lo que era la intemperie, a dejarlos atrás cuando la historia nos asfixiaba y a abrazarlos cuando aprendimos el significado de la soledad.

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Así es como aprendimos a sufrir, a sentir el abandono, las consecuencias de la soledad, la pérdida, aprendimos a sobreponernos y a resurgir desde lo más profundo. Valoramos el instante de una sonrisa y el calor de los besos, curamos heridas con el bálsamo de las caricias que no siempre vienen desde otras manos, hablo de las caricias que aprendemos a darnos desde nuestra propia alma.
Atravesar todas las etapas emocionales nos ha ayudado a evolucionar. A veces no somos conscientes de lo que hemos superado, no vemos la valentía con la que enfrentamos situaciones difíciles, no nos damos cuenta de las batallas que hemos librado y de las cuales salimos triunfantes, no importa si estuvimos de un lado o del otro, ganador o perdedor, si es que desean rotularlo de algún modo, pero todas las experiencias dejan un aprendizaje, nos aclaran a dónde no debemos volver y nos abren un horizonte hacia el cual deseamos ir.
Todos tenemos lugares donde regresamos y esos lugares pueden ser geográficos, físicos y emocionales.
Los lugares geográficos son aquellos que cuando los nombramos se abren como si fueran baúles de recuerdos. Por ejemplo, cuando escucho Roma, inmediatamente recuerdo un paseo con mi familia en la Plaza del Popolo, un señor tocando el violín, un loro que giraba en un aro y que su dueño insistía en tomarnos una foto y muchas vivencias y conversaciones más que podría llegar a aburrirlos si las plasmara a todas aquí.
Los lugares físicos son aquellos que nos traen recuerdos y emociones desde vivencias personales, por ejemplo, la casa de mis abuelos y el olor que salía del horno de barro cuando mi abuelita cocinaba el pan. Ese solo recuerdo me trae un sinfín de emociones y situaciones que me encanta recordar una y otra vez. Pero también está el lugar físico oscuro, cuando falleció mi abuelo o cuando enfermó mi hija. Ambos lugares traen a mi memoria tantos recuerdos que podría escribir un libro tan solo con ellos.
Y por último están los lugares emocionales, que son aquellos que se desprenden de los lugares físicos, sobre todo, y son los que despiertan las emociones por primera vez. La primera vez que sentimos el dolor más grande y nos quedamos tanto tiempo allí que nos fue difícil volver a la alegría; la primera vez que nos desnudamos frente a alguien, para tener sexo o hacer el amor, como mejor se sientan identificados, nos generó emociones que nunca olvidaremos y que fueron las claves para nuestro desenvolvimiento con el otro; el primer velorio y todo lo que se desprende dentro nuestro cuando la persona que se fue era parte de nuestras vidas.
Por eso hoy les quiero traer este ejercicio de terapia emocional con la palabra escrita, para ayudarlos a identificar esas emociones que sirven para entender de donde vienen, cómo se forjaron, por qué reaccionamos de tal o cual manera frente a una determinada situación.

EJERCICIO

Van a ir con la imaginación a un lugar geográfico, lo van a mencionar y van a escribir, a modo de inventario, todas las palabras, emociones y sensaciones que lleguen a su memoria desde aquel recuerdo: sabores, olores, personas, frustraciones, etc.
Luego van a elegir cuatro palabras de todas las escritas que les resulten atractivas y van a escribir una pequeña historia. Puede tener que ver con el mismo recuerdo o no. Escriban la historia que primero venga a la mente. Sin pensar demasiado y sin muchos rodeos.

Repitan el ejercicio con un lugar físico y con un lugar emocional.
Cuando tengan los tres relatos escritos, los van a leer en voz alta y van a tratar de identificar la emoción que sobresale en ustedes. ¿Es alegría? ¿Es tristeza? ¿Es dolor? ¿Es enojo? ¿Es desilusión? ¿Frustración? ¿Abandono? ¿Deseos de volver? ¿Ninguna de éstas? ¿Cuál es?


Si quieren me lo pueden contar en los comentarios o lo pueden enviar a mi casilla de correo, colocando en el asunto el nombre de la entrada, que en este caso es: Nuestros lugares internos

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